Un reciente estudio de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) revela que, en 2024, casi tres de cada diez peruanos (29,6 %) sufrieron de “pobreza de tiempo”, es decir, carecieron de horas libres suficientes tras cumplir con el trabajo remunerado y las responsabilidades domésticas.
Esta forma de pobreza afecta particularmente a las mujeres, con una incidencia del 31,4 %, y a la población en zonas rurales, donde alcanza el 34,2 %. El grupo etario más impactado corresponde a personas entre 31 y 65 años, en quienes la pobreza de tiempo llega al 40,3 %.
La pobreza de tiempo implica una reducción drástica del margen para actividades fundamentales como la educación, el descanso, el emprendimiento o la búsqueda de mejores empleos. Esta situación limita gravemente el desarrollo individual y perpetúa las desventajas en grupos ya vulnerables.




